Pura magia

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La publicidad del Banco Santander ocupó las portadas de los principales diarios impresos de España el 28 de enero de 2015. Marta Semitiel

Raymond Williams, en uno de los ensayos de Problems in Materialism and Culture, concluye que el capitalismo moderno fue posible gracias al nacimiento y el desarrollo de la publicidad, producto muy ligado al colonialismo y a la Revolución Industrial. La publicidad, dice Williams, se sirve de una herramienta ideológica que altera las necesidades psicológicas en la cultura de masas. Estas carencias se crean mediante la imposición de valoraciones irracionales, como si de un truco de magia se tratara: una fantasía bien construida puede cambiar la percepción de la realidad; una campaña de publicidad puede convencerme de votar al candidato X y de paso abrir una cuenta bancaria y ganar un juego de sartenes y ollas de regalo. Este es el sistema mágico.

Alan Moore, artista polifacético y autodenominado «mago», habla desde hace veinte años de la existencia de la magia como cualidad inherente a la creatividad y a la inteligencia. En muy resumidas cuentas, y por lo que deja entrever en su obra de ficción y metafísica Promethea, la magia, además de los espectáculos de prestidigitación e ilusionismo, es el proceso por el cual las ideas toman el terreno de la realidad, o sea, la realización práctica y material de teorías, historias, planos y proyectos. Moore dice que la evolución y el desarrollo del conocimiento, de la sociedad, de la política y de las artes (en su sentido más amplio) fueron posibles desde que el ser humano es consciente de su consciencia y de su capacidad de abstracción. En el caso de la publicidad, la magia es el arte de la persuasión, de cambiar la manera de pensar de las personas para alterar su comportamiento. Una abstracción altera el mundo material. Según Williams los artistas usan sus habilidades de manera abusiva. Umberto Eco, al final de Apocalípticos e integrados, señalaba a un publicista, conocedor de la teoría de la persuasión artística y crítico con las prácticas menos honestas de las agencias, como autor de campañas de dudosa moral.

El publicista es un intermediario entre el público y un grupo, sea este una empresa privada o el gobierno. Sus servicios son pagados, por lo que el poder económico del cliente determina la extensión del campo de actuación del mensaje. El acceso a la publicidad fue y sigue siendo una ostentación de poder. La publicidad está muy ligada al capitalismo, perpetúa el sistema socioeconómico y valida un modelo cultural que acepta este sistema. El publicista menos escrupuloso comprende las necesidades del cliente y del público por igual, pero solo pode actuar en beneficio propio y del contratante en detrimento del público en el peor de los casos. El publicista gana de las inquietudes de ambos bandos jugando con la inseguridad y las preocupaciones propias de la condición humana. Visto así, las empresas que emplean la publicidad no buscan terminar con las necesidades de otros, sino crearlas para perpetuar la existencia del negocio. A este respecto Williams acierta cuando dice que los consumidores ―que no usuarios― persuadidos no buscan la autorrealización a través del materialismo, porque el objeto material es insuficiente, necesitan el estatus que se asocia arbitrariamente al objeto. El coche, la vestimenta y el peinado dan una imagen de éxito a los hombres; el maquillaje, la dieta, la ropa y el perfume son los secretos de la belleza de las mujeres. Estos son los primeros ejemplos que vienen a la cabeza solo pensando en las campañas menos creativas, pues existen otros ejemplos, también indicados por Williams, que precisamente señalan las limitaciones de los anuncios para ganar la confianza del público más resistente.

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En 2012 una campaña publicitaria de Metro de Madrid creó polémica cuando se contrastaron los datos de los carteles con los sueldos mínimos de diferentes países.

Los medios de comunicación y la publicidad han ido de la mano durante su crecimiento entre los siglos XIX y XX, de hecho se podría decir que una no existiría sin la otra. La publicidad emplea el soporte de los medios de masas y estos al mismo tiempo venden sus espacios informativos a las agencia y, por extensión, a las empresas anunciante que más paguen. Esta relación simbiótica, en sus inicios anecdótica y ahora más importante que nunca, hace posible el modelo de negocio de los grandes medios actuales. No solo eso, si el periodista depende de sus anunciantes pierde su rol como garantía de la democracia. En tiempos de crisis informativa como el que estamos viviendo, la publicidad empresarial ―y por lo tanto los intereses mercantilistas― gana mucho más terreno frente a la necesidad de información del público. Si la mayoría de los beneficios de un medio provienen de los elementos más influyentes del sector privado, el público pierde prioridad y puede ser víctima de una mala praxis periodística: las campañas multimillonarias ocuparían el espacio de la información, se colarían publirreportajes e infomercials disfrazados de noticias, y finalmente un inversor podría presionar al medio para que omitiese información comprometedora sobre su empresa bajo amenaza de retirar sus anuncios.

Existen alternativas a este modelo de dependencia publicitaria. Recientemente han aparecido publicaciones en papel y dominios de internet con un financiamiento alternativo. Estas cabeceras modernas, nacidas de la disconformidad con los grandes medios, son directamente financiadas por la publicidad de negocios locales, pequeñas editoriales o empresas éticas (véase el caso de Diagonal), sin embargo la mayor parte de sus beneficios provienen de las suscripciones y de la venda de sus productos. Es interesante el caso de eldiario.es, que presume de que sus accionistas son los propios empleados del portal web. Esta y otras publicaciones asociadas ―principalmente Mongolia y La Marea― el éxito es modesto, pero pueden presumir de no sufrir pérdidas con este modelo de negocio. Siendo optimistas, estos nuevos medios, pese a tratarse de negocios con el fin último de beneficiarse de su labor, trabajan a favor de sus lectores, un público de clase media-baja y de aparente ideología de izquierdas, que ya no son un elemento pasivo en la actividad periodística, sino que son, junto con la motivación de los propios periodistas, el impulso que mueve el mecanismo de la información que claramente no sirve ni a la propaganda partidista ni a la publicidad empresarial. Estaremos atentos a la evolución de estas redacciones, ya que no hay garantías de que los ingresos de los lectores o la falta de estos no acaben por crear un sesgo en los profesionales de la información que los lleve a faltar a la verdad.

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Phantassie

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Hace más o menos dos años estuve viviendo una temporada en un híbrido de remolque y casa prefabricada en el concejo de East Lothian. Mi compañero y anfitrión era un carpintero oriundo del D.F. y tenía doble nacionalidad azteca y canadiense. Fue la primera persona que me ofreció porros en Escocia («¿Gallo?») y era el alma de la fiesta en tanto que era imposible pararlo tan pronto se ponía a bailar. Puede que fuese la morriña o la facilidad con la que me embelesan los acentos y jergas foráneos, pero tengo que admitir que se ganó mi cariño tan pronto me llamó ‘carnal’ al final de una noche de acuarelas y caleidoscopios. Se sumó a su encanto particular el amor que sentía por el dubstep, género con el que yo ya había tenido algún que otro escarceo amoroso durante la carrera. Unos meses más tarde me enteré de que casi pierde un pulgar manejando una radial. Hoy en día Vicente sigue sembrando buen rollo y dándolo todo en las fiestas de Edimburgo, con su dedo reimplantado, como si nada.

Mi hogar temporal estaba a kilómetro y medio del centro de East Linton, pueblo al que sólo podía acceder siguiendo un camino que atravesaba un campo de ejercicios de hípica, en mi memoria siempre abonado con mierda de oveja. El cercano río Tyne cortaba el pueblo en dos y su ribera formaba parte de la ruta John Muir, un paseo de gran valor paisajístico que incluye  las curiosidades arquitectónicas locales del molino de Preston y el palomar de Phantassie. Precisamente Phantassie era el nombre de la granja donde había estado trabajando como voluntario a través de la organización WWOOF para productos orgánicos y ecológicamente viables. Mi voluntariado había terminado a comienzos de junio, por lo que ya no disfrutaba de mi derecho a dormir en la pequeña caravana que había sido mi refugio durante poco más de mes y medio. No sé qué hubiese pasado si mi estancia se hubiese prorrogado unas semanas más, porque al parecer había un avispero en construcción dentro del armario; nice. Mi antigua casa con ruedas estaba situada en un campamento de caravanas que rodeaban un tráiler verde, una vieja cocina y comedor móvil para uso de los trabajadores. A este remolque lo llamaban The Goddess quizás por una asociación simbólica con la Madre Tierra, que nos cuida y alimenta… a la vez que puede jodernos la vida, como demostraban las ortigas que brotaban alrededor de nuestra diosa verde.

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Lo mejor de Phantassie eran sus empleados y voluntarios. Estaba Lizz, mi jefa, un ejemplo del humor y el sarcasmo escoceses; por mi cumpleaños me regaló dos libros: una novela de Stephen Fry y una edición en inglés de El amor en los tiempos del cólera, ambas con dedicatorias que a día de hoy hacen que me tiemble el morrillo. También estaba la australiana Happy —lovely Happy— la nueva encarnación de la contracultura hippie y una de las criaturas más amables (dignas de ser amadas) que he conocido. Hice buenas migas con Gary, un autodenominado hobo (vagabundo) de Glasgow memorable por su descaro y sus canciones, sobre todo por su versión de Across 110th Street. Guillaume, de Lyon, se vino desde Francia en coche (¿era un Citroën o un Peugeot?) y calculaba los límites de velocidad de millas/hora a km/hora por la cuenta de la vieja. También coincidí con la risueña Patricia, actriz sevillana que, junto a otras anécdotas, me contó cómo montó un follón al comer jamón en una comuna de hare krishna. Kim, alemana venida de Nueva Zelanda, era difícil de tratar, y lo más extraño de ella era su fijación obsesiva por las gallinas. Merece una mención especial Travis, un auténtico kiwi que parecía sacado de una peli de Mad Max. Y estos son solo algunos de muchísimos personajes con los que conviví en Phantassie: Hana, Lela, Cécilia, Sarah, Monica, Michala, Fiona, Moss, Cindy, Kevin, Skye…

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A veces echo de menos esas noches en las que la vejiga me pedía salir al campo de madrugada. Mientras la meada rociaba la hierba me quedaba embobado mirando el horizonte, negro sobre casi negro. Una madrugada, cuando el cielo se tornaba azul por el este, pude ver a unos 20 metros de mí una cabeza con cornamenta que me devolvía la mirada. Huyó saltando antes de que pudiese adivinar qué era exactamente. La magia de viajar se encapsuló en ese corto instante de duermevela, en los primeros piares de pájaros madrugadores y el brillo de esos ojos de presa astada. Los días de bajón siempre había alguien dispuesto a alegrarte, ya fuese con partidas de ping-pong o una sesión de dibujo y filosofía vespertina. Algún fin de semana fue obligatorio ir al pub del pueblo a bajarse unas pintas, y de paso preguntarse por qué entre los juegos de mesa tenían a elegir el Twister. En otra ocasión fuimos a Edimburgo en el coche de Vicente, con un mix de dubstep retumbando en los bafles; ya en el garito (sesión de minimal/techno/acid) un tipo sudoroso me dijo que el MDMA le hacía hablar con desconocidos. You don’t say, mate?

Destaquemos este episodio del Studio 24, shall we? Afuera, lejos de los bucles insípidos del techno/minimal/acid/whatever, conocí a dos gallegos que estaban currando en Edimburgo. Como yo, las circunstancias económicas de la patria los obligaron a buscar trabajo en el sector servicios del Reino Unido. Muchos salen de la universidad o de formación profesional con lo justo de inglés para lanzarse a la aventura. Todos conocemos a alguien que ha encontrado mejores oportunidades en el extranjero, ya sea de lo suyo o de hosteleria. Muchos son curros en ETTs donde el sueldo es justo para permitirse vivir en un pisito compartido en Leith o en cualquier otro barrio obrero de Europa o América. Las pasan putas y luego se los trata como ciudadanos de segunda en el país de origen; y para colmo al final vienen cabezas cuadradas nacionalistas como los del UKIP a decirles que no hay sitio para usurpadores. Son tiempos jodidos en los que muchos tenemos la soga al cuello y estamos dispuestos a hacer lo que sea para evitarnos la miseria. Emigrar es un último recurso y a la vez un acto de protesta: pone en relieve el estado deplorable de un país cuya población se ha convertido en mercancía a repartir entre los conglomerados empresariales que se confunden con legisladores y altos funcionarios. Al final todo se reduce a hacer circular la moneda de cambio dentro de esa ilusión que es el consumismo global, donde el valor se expresa en números y en beneficios potenciales. No eres un ser humano consciente de tu condición en el mundo, sino otro engranaje prescindible en la maquinaria del cajero automático de una sucursal de un banco exclusivo para las élites. No hay derechos, hay CVs crecientes que repartir y una ansiedad que se alimenta de la incertidumbre. Arbeit macht frei, vivir es trabajar y trabajar es desvivirse para malvivir. El único consuelo que queda en este conato de distopía es que puedas sufrir en buena compañía. Viva. Bravo. Y si acaso un hurra.

Es increíble pensar que puedes sentirte más seguro lejos del hogar donde creciste.

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Del desamparo y la deshumanización

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Refugiados en Harmanli, Bulgaria, noviembre de 2013. Nikolay Doychinov/AFP/Getty Images

En 2015 se registraron las tasas más altas de inmigración irregular dentro de la llamada crisis de inmigración en Europa. Más de un millón de personas, procedentes de África y Asia en su mayoría, arriesgaron sus vidas para conseguir asilo en la Unión Europea a cualquier precio. Cabe destacar la cantidad de refugiados sirios que se contaban entre los desplazados, una pequeña porción de los casi 5 millones registrados en países vecinos, sin contar los 6 millones de vagan dentro de Siria. Ese mismo año las cifras europeas de desplazamientos masivos aumentaron hasta cuatro veces con respecto al 2014. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, sólo el año pasado dieron cuenta de las muertes o desapariciones de 3.692 migrantes que intentaban llegar a las costas de Italia y principalmente Grecia atravesando el Mediterráneo. Este año 2016 el flujo de entrada irregular  a la Unión Europea se ha visto mermado con respecto a los datos mensuales del año pasado, quizás una reacción a las medidas drásticas llevadas a cabo por países como Macedonia y Hungría junto con el acuerdo UE-Turquía de marzo.

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Migrantes llegan a la isla de Rodas después de naufragar, 20 de abril de 2015. EPA/Loukas Mastis

Desde noviembre del año pasado la Europol ha estado advirtiendo sobre la vulnerabilidad de estos desposeídos ante las mafias del tráfico de personas, un turbio negocio clandestino que, se calcula, mueve cada año 134 mil millones de euros a escala global. Rob Wainwright, director de Europol, concretó que los traficantes europeos obtuvieron un beneficio cercano  a los 5 mil millones en 2015, el año más multitudinario de la crisis migratoria, a base de cobrar a cada migrante una cifra que oscila entre 3.000 y 5.000 €. Hay que señalar que en este contexto la denominación de «tráfico de personas» abarca el tráfico ilegal —el negocio de facilitar el traspaso de fronteras— y la trata —traducido como mercado de esclavos—. Los representantes del órgano policial europeo afirman que en todo el mundo 21 millones de personas son víctimas de la trata de seres humanos: explotación sexual, servicios domésticos, trabajos forzados, mendicidad y extracción de órganos. Brian Donald, jefe de gabinete de Europol, aporta un dato aun más escalofriante: un tercio de estos verdaderos esclavizados son menores.

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Fuerzas policiales desalojan un campamento de refugiados en Calais, 21 de septiembre de 2015. Philippe Huguen/AFP/Getty Images

El pasado enero Brian Donald anunció que se había perdido la pista de 10.000 menores que llegaron a territorio europeo. A riesgo de sonar demasiado alarmante, aclaró que el hecho de que hayan desaparecido no implica que hayan sido captados o capturados por organizaciones criminales, sino que podrían haber pasado al cuidado de familiares sin el conocimiento de las autoridades. Sin embargo Donald insistía: el 27 % del millón de inmigrantes registrados en 2015 eran menores, de los cuales al menos 26.000 no iban acompañados por adultos, según informes de Save the Children. El colectivo infantil es un objetivo preferente y una fuente de ingresos ideal para los traficantes, pues son una inversión a largo plazo y  es relativamente sencillo transportarlos, retenerlos y cuidarlos. Cuando decimos  «cuidar» hablamos de mantenerlos hacinados en condiciones deplorables para explotarlos y abusar de ellos de tal manera que quedan reducidos a algo menos que objetos de consumo desechables. Hoy, 25 de mayo, está señalado en los calendarios de varios países como el Día Internacional de los Niños Desaparecidos, en su origen una efemérides en la que se mira a casos concretos y no al rampante fenómeno global de la trata de seres humanos. Cada caso de desaparición es una ínfima punta visible de una empresa monstruosa que aporta nuevas facetas al sufrimiento de la humanidad.

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Lama y sus dos hijos, Motasim y Mutaz, cruzan la frontera de Serbia a Hungría, septiembre de 2015. Sergi Cámara

Rob Wainwright ya nos advertía que los sindicatos del crimen están coordinando simultáneamente el tráfico de personas con el de estupefacientes, lo que significa una garantía de crecimiento a largo plazo. La colaboración entre los Estados Miembro de la UE es esencial si realmente quieren desmantelar las redes criminales internacionales, asegurando así la protección y la garantía de los derechos humanos. No sólo deben destinar recursos a la lucha contra los traficantes, también debería haber un cambio estratégico radical a la hora de resolver la crisis de los desplazados, porque de un modo u otro llegarán y atravesarán las fronteras hacia Europa. No se trata de actuar por caridad, sino porque es nuestro deber moral.

Actualización: Organizaciones como ACNUR y MSF lo están dando todo por ayudar a estas personas, para ello necesitan la colaboración desinteresada de ciudadanos preocupados. Si puedes permitírtelo, apoya proyectos humanitarios que alivien las necesidades de gente que, como tú, quiere vivir feliz y dignamente. Y, por supuesto, movilízate y participa para que nuestros políticos protejan los derechos básicos.

Radix malorum est cupiditas

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Hace unos meses tuve la oportunidad de vivir una temporada en Madrid. La razón del viaje a la capital no fue otra que la búsqueda de un trabajo que me permitiese ahorrar lo suficiente para acabar mis estudios. Pensaba que allá la oferta de empleo sería mayor y que podría sacarme algunas perras de algún curro poco degradante. Tan pronto anidé en el sofá cama de una amiga, me sumergí en las páginas de anuncios y comencé a enviar CVs a todas las empresas que se ajustasen a mi perfil: bachiller y estudiante universitario sin título pero con experiencia remunerada en emisora de radio y en huertos orgánicos. Pobre iluso, reímos a coro.

La primera llamada llegó de Cristina, representando a BySunrise. Quedamos en hacer una entrevista pocos días después en las oficinas de la calle Cronos, dentro del distrito de Ciudad Lineal, según ella. Una consulta posterior reveló que la oficina en realidad está situada en San Blas-Canillejas. En vista del equívoco y de la ausencia de la identidad del empleador en el texto del anuncio, decidí presentarme en el lugar un día antes de la cita para reconocer el terreno y de paso amortizar el Abono Joven del metro: Lucero, Alto de Extremadura, Puerta del Ángel, Príncipe Pío, Ópera, Callao, Gran Vía, Chueca, Alonso Martínez, Rubén Darío, Núñez de Balboa, Diego de León, Ventas, El Carmen, Quintana, Ciudad Lineal, Suanzes. Efectivamente las oficinas estaban en Cronos número 10, 2ª planta, en el interior de un edificio que poco destacaba por su fachada cenicienta y el bar irlandés a pie de calle, único símbolo de ocio en un polígono industrial gris y hostil con el viandante. Suanzes, Ciudad Lineal, Quintana… Resueltas mis dudas volví puntual al día siguiente (Lucero, Alto de Extremadura, Puerta del Ángel…) y descubrí la trama, porque no puedo darle otro nombre. ¿Dónde te metes, alma de cántaro?

Me convertiría en comercial colaborador de BySunrise Sales Force S.L. Concretamente mi labor consistiría en captar y fidelizar clientes para Gas Natural Fenosa, previo período de prueba no remunerado. Realizaría ventas a puerta fría, o sea, me presentaría en hogares y en pequeños negocios y, con nula formación sobre ventas y marketing, compararía el servicio eléctrico actual del inquilino/residente/empresario/cliente con ofertas de la compañía eléctrica que yo representase. Cada día viajaría a una localidad diferente de la Comunidad de Madrid con una pareja asignada; si ninguno de los dos poseía coche, tomaríamos el transporte público, para aprovechar mi abono. Mi horario laboral sería «flexible», con 8 horas diarias de lunes a viernes. Sobre ser «colaborador»: debería darme de alta como autónomo y recibiría un porcentaje de las ganancias de BySunrise que variaría en función del número de clientes que canalizase hacia los servicios de Fenosa.

La sonrisa desapareció de la cara de Cristina cuando me explicó rápidamente los pormenores del no contrato. Más que una entrevista me habían hecho una propuesta bastante extraña. ¿Qué cojones hago yo haciéndome autónomo para predicar la cobertura eléctrica de una multinacional que ni siquiera me tiene en plantilla?

Ese mismo día aparece en mi bandeja de entrada un mensaje de Progedsa, otra subcontratada. Google me previene de esta nueva oferta: enfrentamientos con la CNT, reclutamientos turbios, prácticas cuestionables y comportamiento sectario. Sin ir más lejos, hace unos años Antena 3 y el difunto canal Veo realizaron reportajes sobre empresas semejantes, si no la misma, y es que descubro que esto viene sucediendo como mínimo desde 2005. Progedsa aparece inmediatamente como un ente tóxico que se aprovecha, primero, de la desesperación de parados y jóvenes sin experiencia, y, segundo, de la ingenuidad de muchas personas que reciben a estos comerciales en sus hogares. Hurgando un poco más descubrimos que este fenómeno tiene nombre genérico: falsos autónomos. El blog citapreviainem.es advierte sobre estos contratos mercantiles, en el que básicamente el trabajador es despojado de sus derechos como autónomo  a la vez que se desloma igual o más que un asalariado. El empleador no cotiza a la seguridad social, no hay vacaciones ni días libres, no existe un sueldo fijo y no hay ningún tipo de compensación por despido. Esta situación es ilegal y, sin embargo, anuncios como el que me llevó a BySunrise siguen apareciendo en portales de búsqueda de empleo. Y sabiendo la irregularidad de todo esto, ¿cómo es posible que haya gente que siga cayendo en esta trampa? ¿Cómo afecta a a las estadísticas de empleo? ¿Por qué este escándalo no salpica a las grandes multinacionales que están detrás de estos facinerosos?

No existen muchos datos objetivos o críticos sobre BySunrise fuera de los boletines oficiales y la propia página de Gas Natural Fenosa, así que me propuse investigar por mi cuenta. Finalmente encontré dos direcciones diferentes para su oficina central, ninguna dentro de la ciudad de Madrid. Esto me hizo sospechar que las personas de Cronos 10 podrían ser un grupo de timadores que actuaban bajo el nombre de la empresa real. De nuevo, menudo ingenuo. Tomé el cercanías hacia Alcalá de Henares, primera parada en el barrio de La Garena: en el número 5 de la Avenida de Juan Carlos I no aparece por ninguna parte el cartel de BySunrise o de Gas Natural, preguntando a una vecina supe que habían trasladado el negocio a otro local, esta vez en el centro de Alcalá. Un cartel en un escaparate confirma la segunda dirección: «Vía Complutense 42, posterior. Entrada por plaza Avenida Guadalajara 5». Se trata de una sucursal de atención al cliente donde se tramitan servicios de alta y de modificación de servicios. Entré e inmediatamente después de saludar una mujer de uniforme me pidió que cogiese número. Petición absurda si tenemos en cuenta que dentro no había más personas que yo mismo y los empleados. Me dirigí al escritorio de la misma mujer y le pregunté sobre la llamada que había recibido acerca de una entrevista de trabajo en Cronos… «Cronos 10», completó ella. Me confirmó que efectivamente la empresa buscaba comerciales y que no había razón para desconfiar. A la pregunta de por qué no figuraba BySunrise en la oferta, ella se encogió de hombros y no supo o no quiso responderme, simplemente insinuó que la razón era evidente. La verdad, muy a mi pesar, es que los timadores trabajan para la eléctrica, responsable directa de los beneficios de esta estafa. La única esperanza que me queda es que BySunrise no sea tan sectaria como la infame Progedsa.

Vienen a cuento las recientes declaraciones de Juan Rosell al respecto del futuro de la vida laboral en España, que básicamente vienen a decirnos que la precariedad es el bastión del progreso. Este discurso de superación diaria —que me recuerda al del capitalismo luterano— pierde bastante credibilidad si tenemos en cuenta el legado del que se beneficia el empresario. No digo que este hombre no haya dado un palo al agua en su vida, pero es obvio que por muchos riesgos que asuma siempre tendrá una red de seguridad en su familia. El ideal de este burgués de libro es que todo español sea un autónomo incansable que salta de encargo en encargo, hipotéticamente haciendo una fortuna en un ambiente de competitividad constante e impasible. Teniendo en cuenta la indefensión que hoy en día sufre la clase obrera en España, cuesta imaginar que este futuro ideal pueda existir en una sociedad donde corporaciones e incluso algunas PYMEs son capaces de engañar, estafar y desinformar con tal de rascar en busca de la mínima ganancia. El neoliberalista es una criatura amoral que solamente actúa por y para su propio beneficio, sin tener en cuenta la escasez de recursos o los desequilibrios sociales. Nos gusta pensar que estos gigantes acabarán por derrumbarse bajo su propio peso, pero esto es prácticamente una quimera si el colectivo social no se conciencia y actúa. Lo peor de todo es que muchas facetas de nuestro modo de vida alimentan este despropósito, la principal sería el conformismo seguida por ámbitos de consumo que perpetúan los comportamientos delictivos, inmorales y destructivos.

«Si no te gusta, es lo que hay» es un mantra que se repite mucho en las historias de fraude laboral. «Lo que hay» es el derivado de una gran falacia a la que uno se somete voluntariamente o a coacción de ciertos agentes. Dependemos tanto de nuestro bienestar que a la mínima señal de conflicto nos encogemos y nos retiram1os a nuestra madriguera. Si queremos cambiar pero no somos capaces de cuestionar el anterior aforismo, incluso podemos adoptar la postura filosófica del Sr. Rosell y pensar: si actúo hoy podría labrarme un futuro mejor para mí y mis conciudadanos. Los tiempos mejores para el trabajador no volverán por causa de una fuerza invisible y benévola. La fortuna, por consiguiente, hay que ganársela en otros frentes tan importantes como la economía. Implícate y toma las riendas de tu vida, porque la política rige todos los aspectos de tu vida y la de millones. Protesta, denuncia y desenmascara a los farsantes en el escenario de la res publica, porque solo si el público tiene conciencia de la injusticia entonces el problema se hace más real.

Se acercan las elecciones. Vosotros veréis si elegís al caos bueno, al caos neutral o al caos maligno.