La gramática del tiempo

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En el historial se suceden los mensajes de reafirmación del dogma. Carecen de discordia los debates sobre tesis que se amontonan en una pila teórica homogénea. El foro es un espacio hermético que jamás cuestiona su razón de ser, ese tabú impensable que amenaza la prevalencia del culto. El acólito golpea su frente contra la los textos sagrados en su sesión diaria de adoctrinamiento en el lugar donde se siente más bienvenido, el templo donde todos los feligreses dirigen sus oraciones y deseos al ídolo.

Durante el bochorno vespertino se encierra en su habitación, donde comparte espacio con merchandising y pósteres en los que ojos petrificados miran lo que hace con contento y sin censura alguna. El ventilador del portátil emite el calor de horas de escribir en el subreddit. Los títulos crean una torre de mensajes que buscan la atención y la aprobación de un grupo sin cara. Todo se reduce a líneas de texto de una aparente generación espontánea. Es otra manera de curar la soledad sin arriesgarse a sufrir los sinsabores y las diferencias irreconciliables de la sociedad. En su silla de oficina asimila lo ajeno como parte de sí mismo para fortificar su ego con ediciones limitadas y objetos de coleccionista.

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En Perfect Blue (Kon Satoshi, 1997) vemos cómo la talentosa Kirigoe Mima pierde paulatinamente la entereza de su personalidad tras dejar atrás su faceta de cantante para iniciar su carrera como actriz. Un de sus fracturas mentales sucede en cuanto sus seguidores más fanáticos refuerzan sus dudas en su cambio de profesión y su percepción de sí misma. Sus fans más combativos prefieren el inmovilismo de su J-pop idol, por siempre caracterizada como un símbolo de inocencia voluptuosa. El ser humano tiende a repetir y a expandirse en los actos y ejercicios que le aportan placer a través del sistema endocrino. Un trastorno se hace patente en cuando la parte más importante de la vida gira en torno al que se convierte en objeto de deseo, literalmente. La mentalidad del fan hace que se apropie de ese icono capaz de consolarlo, toda su fuerza de voluntad reside ahora fuera de sí mismo y nace una dependencia enfermiza. Cuando peligra su poder sobre el fetiche interiorizado, el fan reacciona violentamente contra cualquiera que ose arrebatarle su más preciada posesión, incluso es capaz de atacar a la misma persona o institución que creó la fuente de su placer. Combinado con la cultura de consumo, la actitud posesiva se ve estimulada gracias a la materialidad y la proximidad física (casi sexual) del ideal platónico. Mima ve cómo sus seguidores, otakus atascados en conductas pueriles, le imponen el familiar papel de cantante pop, que ella concibe como una faceta infantil que debe dejar atrás para madurar y sentirse realizada.

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El director Kon Satoshi convierte el relato de la locura de Mima en un paradigma del lenguaje audiovisual, perfeccionado tras realizar varios proyectos en el mundo del cómic y el de la animación. Para que el espectador entre en la mente de los personajes de esta película hace falta fijar una estructura guión de acuerdo con una psique alterada, de tal manera que lo confunda y desoriente. Como señalan Francisco Javier López y Juan A. García en el ensayo Satoshi Kon: Superando los límites de la realidad, Kon pretende desconcertarnos utilizando tres mecanismos: la ruptura del tiempo cronológico, el enfoque múltiple y la superposición de distintos niveles de realidad. Estos tres se logran mediante un exquisito empleo de la técnica de montaje centrada en el corte abrupto; no existen difuminados ni transiciones graduales. La adopción de la instantaneidad de un plano a otro aporta una dinámica vertiginosa a la historia, transmitiendo así la sensación de perder la noción del tiempo. Además, que todos los cortes sean iguales nos impide reconocer y distinguir el carácter y la esencia de cada escena: ¿Pasamos a ver un sueño? ¿Se trata de un flashback o de un suceso paralelo? ¿Hemos cambiado de lugar o seguimos en el mismo sitio? Cabe señalar la armonía con la que se suceden escenas dispares (que no comparten el mismo espacio y/o tiempo), gracias al curioso recurso de dividir un movimiento en dos segmentos; por ejemplo, un personaje realiza el mismo gesto en dos planos sucesivos de tal manera que en la primera sección se muestra el inicio del ademán e inmediatamente aparece la conclusión de ese acto en la segunda parte, conservando la dirección del movimiento en relación al encuadre y a la composición de la imagen.

En cintas posteriores Kon demuestra una curiosidad y una maestría en la sintaxis audiovisual que lo elevan al puesto de los cineastas nipones más rompedores de su tiempo, esos mismos que, como Miyazaki HayaoOshii Mamoru, lograron prestigiar el arte de la animación para adultos.

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