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French labour union workers and students attend a demonstration against the French labour law proposal in Paris
Manifestación contra la reforma laboral en París, 28 de abril de 2016. Charles Platiau/Reuters

Odio el puto fútbol. Bueno, no. Odio la puta maquinaria mediática y mercantilista que se ha ido construyendo alrededor del balompié. Durante la segunda mitad del siglo pasado los medios audiovisuales han ido perfeccionando las técnicas del montaje y han tomado prestados los recursos líricos de la literatura épica para acabar convirtiendo un deporte popular en un panteón mitológico con sus particulares acólitos, sus predicadores, sus peregrinaciones, sus sectas y sus corruptelas. No siempre segrego bilis cada vez que oigo hablar del mundo de ensueño de las grandes ligas y las competiciones de élite, ese paraíso de cartón piedra  donde todo es camaradería interesada, patriotismo del palo y alguna que otra patada en la espinilla. Estos días les tengo especial tirria a televisiones, emisoras y deportistas por igual con razón de un conflicto de intereses, en el cual, a mi modo de ver, solamente hay una clara prioridad. Para unos lo importante es la fiesta del fútbol, la tradición que abandera los valores occidentales. Para otros, c’est la grève, la huelga, uno de los derechos e instrumentos que garantiza un estado democrático. El corazón de muchos tira hacia el calor de los aficionados en las gradas y el glamour de los futbolistas. El alma de otros tantos mira hacia el futuro de los trabajadores.

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Enfrentamientos entre manifestantes y agentes de policía en Lyon, 28 de abril de 2016. Laurent Cipriani/AP

Las protestas se han ido sucediendo en las principales urbes galas desde que a finales de febrero se anunciase la puesta en marcha de la reforma laboral. La nueva legislación, inspirada en la española de 2012, supondría un duro golpe para la clase trabajadora: las medidas en su conjunto favorecerían a los empresarios y abaratarían los costes laborales. Nos suena, ¿no? La reforma también ha creado un cisma dentro de la izquierda francesa, de la que el partido de François Hollande se desentiende al ceder ante las exigencias de la Comisión Europea. Del desacuerdo entre gobierno y sindicatos surgen las revueltas sociales en medio de una alerta terrorista que tiene razones para prolongarse indefinidamente. Eran pocos los quebraderos de cabeza cuando finalmente llega la Eurocopa, la gallina de los huevos de oro. Putain. De repente se habla de la Euro 2016 como una festividad necesaria para combatir el descontento y el terror. Tengamos la fiesta en paz, en esto están de acuerdo Hollande y los medios de comunicación. Parece que el fútbol se ha convertido en un pretexto perfecto para apaciguar a los manifestantes, que se verían perjudicados si interrumpiesen el transcurso normal del torneo; para evitar posibles altercados, el primer ministro Valls amenaza con prohibir preventivamente las movilizaciones convocadas para el 23 y el 28 de junio. Los grandes medios, en sincronía con el discurso oficial, apartan su foco de atención del Senado, donde se ha tramitado la reforma, y de la Asamblea Nacional, futuro escenario de la votación definitiva prevista para el 5 de julio, un día antes de las semifinales.  La lucha obrera sería en vano si periodistas y políticos lograsen deslegitimar la huelga en una campaña que la convirtiese, a ojos de la opinión pública,  en la ruina del campeonato de la UEFA. Ante semejante perspectiva sindicatos y manifestantes tienen las de perder tanto si salen a la calle como si no.

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“en cenizas todo se hace posible”. Graffiti en el Boulevard des Invalides de París, escrito durante la manifestación del 15 de junio de 2016. Jacques Demarthon/AFP/Getty Images

Como en una distopía una competición deportiva actúa igual que la droga de Huxley, otra forma de la manida metáfora del opio del pueblo. El fútbol no es el Mal, sino aquellos que lo usan como herramienta política y de control social. Volveremos a ver más manipulaciones en Río 2016; otra vez acapararán las portadas las victorias de los medallistas nacionales y quedará relegada a un segundo plano la violencia policial permitida por corruptos de… ¿Pero qué estoy diciendo? Somos malfollados como yo los que no sabemos disfrutar del espectáculo y de la pasión de apoyar a nuestros campeones. Mira, será mejor para todos que me deje de chorradas y me ponga a hacer lo que siempre he querido: un blog dedicado a las proezas del eminente Predrag Mijatović. ¡Me bajo al bar! Desde hoy gritarle a la tele y discutir con los patrones serán mi hobbies favoritos. Te quiero, Manolo Lama. ¡Vamos, España! ¡¿Ya la estás liando, Piqué?! ¡Que no te la metan, De Gea! ¡Fuera de juego, me cago en Dios! ¡Huy! Eso es roja, ¿no? ¡Me cago en tu pecho, árbitro! ¡Gol, hostia! ¡Goooooool! ¡Œ, œ, œ, œeeee…!

mijatovic

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