Eros y Thanatos según Chris Hedges

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Chris Hedges es un periodista norteamericano que ha ganado cierto prestigio por sus coberturas de la guerra civil salvadoreña, la guerra del Golfo y el conflicto de los Balcanes. Sin embargo también ha ganado mala fama dentro de su país natal por sus críticas al imperialismo estadounidense y por su activismo contra los abusos del gobierno. Está, junto con Noam Chomsky, entre los intelectuales socialistas más reconocidos de los Estados Unidos. La primera vez que oí el nombre de Hedges fue durante una lección de historia en canal Crash CourseJohn Green, haciendo gala de sus cambios de humor que van de la comedia ligera al drama de la condición humana, citaba muy brevemente un título poderoso a la vez que  incómodo de pronunciar del tirón, War Is a Force That Gives Us Meaning.

166798Este ensayo de Chris Hedges, publicado en 2002, fue el resultado inmediato de la depresión y el desconcierto que siguió a los ataques del 11 de septiembre de 2001. Hedges vio desconcertado cómo la población seguía al presidente que arengaba a las masas para marchar hacia la guerra, tras quedar patente que un siglo de conflictos internacionales empezaba a cobrarse las vidas de sus conciudadanos. Otra vez el patriotismo banal y la mitificación de las fuerzas armadas estaban cegando por completo a una nación que no protestaba ante las carnicerías que se cometían en su nombre. Nos dice Hedges que el conflicto armado, como fenómeno colectivo, llena nuestro vacío espiritual y da sentido, un propósito, a nuestras vidas. En tiempos de guerra el sentimiento inicial de sacrificio y de entrega total se confunde con ese que provoca el amor, precisamente la emoción que se destruye en la guerra. El ser humano busca la felicidad aportando sentido, una misión, a su existencia, pero puede ser que se desviva por este propósito y pierda de vista la meta de la felicidad. La guerra ―el subidón de la adrenalina y la erótica del poder― crea una creciente dependencia que lleva por el camino de la autodestrucción. El guerrero que vuelve al hogar se encuentra con que la sobriedad de la paz, que ahora se antoja extraña e impalpable, no lo insensibiliza de los recuerdos de las atrocidades. Herida para siempre su conciencia, quien se vanagloriaba de ser buen camarada y patriota se convierte en un muerto en vida.

Estas son, más o menos, las conclusiones a las que llega Hedges, pastor presbiteriano además de reportero, en War Is a Force That Gives Us Meaning. Quizás por el carácter del artículo del miércoles, me ha dado por rescatar de la pila de libros el  War Is… para predicar su mensaje. Esta joya de 211 páginas es  la desesperada llamada a la cordura de una persona cuyo trabajo como corresponsal le ha hecho testigo del corazón de las tinieblas. Recuerdo que durante los primeros años de carrera hubo un momento en el que yo decía estar interesado en ser reportero de guerra, porque siempre tiene que haber alguien que pringue y tome nota de la matanza. La ingenuidad se cura en cuanto descubres los casos de TEPT, la ciencia de las mutilaciones, la guerra psicológica de las violaciones y la cantidad periodistas muertos. Lo fácil es meterse a corresponsal de guerra, salir entero ya es otro cuento.

Para ilustrar su filosofía Hedges echa mano de anécdotas que ahora son párrafos que llenan los libros de historia. Como ejemplo tenemos una historia curiosa que quizás ocurriese poco antes de la guerra de Yugoslavia: Tras un concierto policías croatas de paisano hincharon a hostias a los integrantes de la banda Zabranjeno Pušenje de Sarajevo (una de las primeras formaciones de la No Smoking Orchestra). Los agentes se sintieron ofendidos por las letras de una canción en la que aparecía la palabra serbia delija, lo que vendría a significar “un tío dabuti”. Antes de estallar la lucha armada, las autoridades y políticos de  las diferentes etnias repartidas por Yugoslavia comenzaron una campaña nacionalista para alterar el dialecto de cada región de manera que cada cual adquiriese más distintivos lingüísticos. De esta manera el serbio, el croata y el bosnio ―lenguas muy semejantes si no iguales― comenzaban a presentabar cada uno palabras y pronunciaciones exclusivas. Estas particularidades idiomáticas identitarias, que delatan el origen social del hablante, se conocen como shibboleths, y son uno de los factores que facilitan el proceso de la limpieza étnica. Vemos cómo se propagaban los mitos que justifican el nacionalismo convertido en cultura del narcisismo. El mensaje de las élites balcánicas dejaba claro el objetivo: la deshumanización mutua.

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Un niño juega sobre un tanque en el barrio de Grbavica de Sarajevo, 22 de abril de 1996. Odd Andersen/AFP/Getty Images

El discurso oficial beligerante, que se torna de carácter fundamentalista, justifica la causa del conflicto atribuyéndole el misterio de lo divino, de modo que no acepta duda o crítica; todo agente subversivo será marginado y convertido en un paria. La prensa asumió el papel de agente de propaganda durante la guerra del Golfo, reforzando el mito de que los soldados norteamericanos luchaban por la liberación de Kuwait. El ejército norteamericano, por su parte, actuaba como filtro de la información que llegaría a los hogares de Occidente a través de los medios afines. Hedges apunta que la intervención de los EEUU no habría tenido ningún apoyo popular si desde un principio se hubiese admitido que la razón era simple y llanamente la garantía de una fuente barata de petróleo. Así, la Operación Escudo del Desierto y la sucesiva Tormenta del Desierto aparecían en las pantallas de nuestros televisores como el espectáculo de las proezas militares contra el Maligno, Saddam Hussein. Se mostraban las víctimas de la anexión de Kuwait, mártires y excusas para desencadenar más violencia, mientras se ocultaban «las familias y soldados iraquíes que las enormes bombas de fragmentación de hierro volaban en pedazos». Los únicos que no se tragaban la realidad adulterada eran los combatientes en el campo de batalla; un teniente del Cuerpo de Marines advertía a Hedges: «Recuerde que ninguno de estos muchachos está luchando por su hogar, por la bandera o por toda esa basura que los políticos le cuentan al público. Están luchando por sus camaradas y solo por sus camaradas».

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El presidente George H. W. Bush saluda a las tropas de los EEUU en Arabia Saudí con motivo del Día de Acción de Gracias, 22 de noviembre de 1990.

Si os interesa esta lectura, existe una edición en español publicada por la editorial Síntesis con el título La guerra es la fuerza que nos da sentido.En caso de que queráis seguir a Chris Hedges a través de internet (y de que vuestro nivel de inglés sea medio-alto), podéis subscribiros a su programa de entrevistas Days of Revolt, emitido por TeleSUR, y también podéis leer su columna semanal en Truthdig.

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Del desamparo y la deshumanización

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Refugiados en Harmanli, Bulgaria, noviembre de 2013. Nikolay Doychinov/AFP/Getty Images

En 2015 se registraron las tasas más altas de inmigración irregular dentro de la llamada crisis de inmigración en Europa. Más de un millón de personas, procedentes de África y Asia en su mayoría, arriesgaron sus vidas para conseguir asilo en la Unión Europea a cualquier precio. Cabe destacar la cantidad de refugiados sirios que se contaban entre los desplazados, una pequeña porción de los casi 5 millones registrados en países vecinos, sin contar los 6 millones de vagan dentro de Siria. Ese mismo año las cifras europeas de desplazamientos masivos aumentaron hasta cuatro veces con respecto al 2014. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, sólo el año pasado dieron cuenta de las muertes o desapariciones de 3.692 migrantes que intentaban llegar a las costas de Italia y principalmente Grecia atravesando el Mediterráneo. Este año 2016 el flujo de entrada irregular  a la Unión Europea se ha visto mermado con respecto a los datos mensuales del año pasado, quizás una reacción a las medidas drásticas llevadas a cabo por países como Macedonia y Hungría junto con el acuerdo UE-Turquía de marzo.

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Migrantes llegan a la isla de Rodas después de naufragar, 20 de abril de 2015. EPA/Loukas Mastis

Desde noviembre del año pasado la Europol ha estado advirtiendo sobre la vulnerabilidad de estos desposeídos ante las mafias del tráfico de personas, un turbio negocio clandestino que, se calcula, mueve cada año 134 mil millones de euros a escala global. Rob Wainwright, director de Europol, concretó que los traficantes europeos obtuvieron un beneficio cercano  a los 5 mil millones en 2015, el año más multitudinario de la crisis migratoria, a base de cobrar a cada migrante una cifra que oscila entre 3.000 y 5.000 €. Hay que señalar que en este contexto la denominación de «tráfico de personas» abarca el tráfico ilegal —el negocio de facilitar el traspaso de fronteras— y la trata —traducido como mercado de esclavos—. Los representantes del órgano policial europeo afirman que en todo el mundo 21 millones de personas son víctimas de la trata de seres humanos: explotación sexual, servicios domésticos, trabajos forzados, mendicidad y extracción de órganos. Brian Donald, jefe de gabinete de Europol, aporta un dato aun más escalofriante: un tercio de estos verdaderos esclavizados son menores.

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Fuerzas policiales desalojan un campamento de refugiados en Calais, 21 de septiembre de 2015. Philippe Huguen/AFP/Getty Images

El pasado enero Brian Donald anunció que se había perdido la pista de 10.000 menores que llegaron a territorio europeo. A riesgo de sonar demasiado alarmante, aclaró que el hecho de que hayan desaparecido no implica que hayan sido captados o capturados por organizaciones criminales, sino que podrían haber pasado al cuidado de familiares sin el conocimiento de las autoridades. Sin embargo Donald insistía: el 27 % del millón de inmigrantes registrados en 2015 eran menores, de los cuales al menos 26.000 no iban acompañados por adultos, según informes de Save the Children. El colectivo infantil es un objetivo preferente y una fuente de ingresos ideal para los traficantes, pues son una inversión a largo plazo y  es relativamente sencillo transportarlos, retenerlos y cuidarlos. Cuando decimos  «cuidar» hablamos de mantenerlos hacinados en condiciones deplorables para explotarlos y abusar de ellos de tal manera que quedan reducidos a algo menos que objetos de consumo desechables. Hoy, 25 de mayo, está señalado en los calendarios de varios países como el Día Internacional de los Niños Desaparecidos, en su origen una efemérides en la que se mira a casos concretos y no al rampante fenómeno global de la trata de seres humanos. Cada caso de desaparición es una ínfima punta visible de una empresa monstruosa que aporta nuevas facetas al sufrimiento de la humanidad.

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Lama y sus dos hijos, Motasim y Mutaz, cruzan la frontera de Serbia a Hungría, septiembre de 2015. Sergi Cámara

Rob Wainwright ya nos advertía que los sindicatos del crimen están coordinando simultáneamente el tráfico de personas con el de estupefacientes, lo que significa una garantía de crecimiento a largo plazo. La colaboración entre los Estados Miembro de la UE es esencial si realmente quieren desmantelar las redes criminales internacionales, asegurando así la protección y la garantía de los derechos humanos. No sólo deben destinar recursos a la lucha contra los traficantes, también debería haber un cambio estratégico radical a la hora de resolver la crisis de los desplazados, porque de un modo u otro llegarán y atravesarán las fronteras hacia Europa. No se trata de actuar por caridad, sino porque es nuestro deber moral.

Actualización: Organizaciones como ACNUR y MSF lo están dando todo por ayudar a estas personas, para ello necesitan la colaboración desinteresada de ciudadanos preocupados. Si puedes permitírtelo, apoya proyectos humanitarios que alivien las necesidades de gente que, como tú, quiere vivir feliz y dignamente. Y, por supuesto, movilízate y participa para que nuestros políticos protejan los derechos básicos.

Relatos de lo extraordinario

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The League of Extraordinary Gentlemen
, de Alan Moore y Kevin O’Neill, es sin lugar a dudas uno de los fanfics más elaborados de la literatura moderna. La Liga cuenta las aventuras de un grupo especial del Servicio de Inteligencia británico durante el ocaso de la era victoriana. Sus miembros son nada más y nada menos que personajes salidos de los clásicos literarios de la segunda mitad del siglo XIX: la profesora Wilhelmina Murray, el legendario cazador y aventurero Allan Quatermain, el sanguinario pirata Nemo, el neurótico Dr. Henry Jekyll y el esquivo Hawley Griffin. La saga de cómics de la Liga está ambientada en un universo donde gran parte, si no todos, los hechos y personas de las obras de ficción ―literatura, teatro, música, bande desinée, cine y televisión― se funden con eventos históricos reales; de esta manera la extensión y la profundidad narrativa de la Liga, tan solo insinuadas, harían enrojecer a los defensores de la hipótesis universal de Tommy Westphall. El resultado de este proyecto gargantuesco ―una épica que cubre desde la época mitológica hasta la primera década del siglo XXI― es una narración intrigante, surrealista, madura, sorprendente y estimulante. Lo familiar se distorsiona, o caricaturiza, gracias al carácter de la ficción que surge dentro de su correspondiente contexto histórico, como si el imaginario popular alterase la realidad. La serie es al mismo tiempo un homenaje a la creatividad de la que mana nuestra cultura popular y un comentario sobre nuestras circunstancias presentes, además alimenta la curiosidad del ávido lector presentando referencias a otros trabajos que pueden enriquecer sucesivas lecturas de la Liga.

The League of Extraordinary Gentlemen es un ejercicio de escritura que comparte muchos puntos en común con la fan fiction. La definición  de fanfic es un tanto problemática por su amplitud, pues abarca tanto la novela histórica como los escarceos eróticos ambientados en Hogwarts (Ron y Harry se dan el lote y mucho más, sí). El fenómeno fanfic ― y por extensión el del fan art― es tan viejo como la literatura misma: no tendría reparos en incluir dentro de esta categoría  el Edipo Rey de Sófocles, El cuento del cortador de bambú,  La Divina Comedia de Dante, Ricardo III de Shakespeare, el Quijote de Avellaneda, la revista El Jueves o El Evangelio según Jesucristo de Saramago. A muchos les rechinará que los trabajos de aficionados puedan codearse con estos grandes clásicos, pero no es la originalidad lo que da valor a una obra sino su calidad. Es muy fácil despreciar las obras menores ―al igual que se vilipendió el penny dreadful en el siglo XIX, el pulp en el XX o la literatura pornográfica desde siempre―, sin embargo por cada Mary Sue siempre habrá auténticos ensayos y sesudas exploraciones de universos que los autores originales no pudieron realizar en su momento. ¿Nunca te has parado a especular sobre los rituales de los Fremen de Arrakis, la identidad de género de Heliogábalo , o los bajos fondos de Midgar? Por supuesto no todas las propuestas son viables como productos mercantiles, ya que existen leyes que garantizan y protegen los derechos de los autores originales hasta cierto tiempo tras su muerte. Si los relatos fanfic no pueden entrar dentro de la obra canónica, no se puede negar que por lo menos son el resultado del imaginario colectivo y del debate en torno al arte, y por tanto constituyen una parte considerable de nuestra cultura. Uno puede adoptar el postmodernismo o creer en la muerte del autor y siempre dará la bienvenida a nuevas perspectivas de ideas ya asentadas. Como mínimo debemos concederle a la fan fiction la capacidad de ser el entrenamiento básico y esencial para mejorar el proceso de escritura de los aspirantes a novelistas. Copiar, transformar y combinar son los principales recursos de la mente creativa, porque nada es original. Como diría Kirby Ferguson, «todo es un remix».

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Toda idea acaba formando parte del dominio público, al fin y al cabo los derechos de autor tienen sus límites. Muchos equiparan a Alan Moore con Walt Disney Pictures, acusándolo de apropiarse de material que ya es parte de la cultura popular. Para mí el mérito de unir de manera tan magistral y detallada elementos tan dispares como Alicia en el País de las Maravillas y los mitos de Cthulhu es razón suficiente para darle a Moore, y por supuesto también a O’Neill, el privilegio de la autoría. De por sí muchas situaciones y personajes no son suyos per se, pero tiene todo el derecho a usarlos y de hecho se los ha ganado añadiéndoles nuevas facetas que combinadas forman una totalidad única.

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Radix malorum est cupiditas

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Hace unos meses tuve la oportunidad de vivir una temporada en Madrid. La razón del viaje a la capital no fue otra que la búsqueda de un trabajo que me permitiese ahorrar lo suficiente para acabar mis estudios. Pensaba que allá la oferta de empleo sería mayor y que podría sacarme algunas perras de algún curro poco degradante. Tan pronto anidé en el sofá cama de una amiga, me sumergí en las páginas de anuncios y comencé a enviar CVs a todas las empresas que se ajustasen a mi perfil: bachiller y estudiante universitario sin título pero con experiencia remunerada en emisora de radio y en huertos orgánicos. Pobre iluso, reímos a coro.

La primera llamada llegó de Cristina, representando a BySunrise. Quedamos en hacer una entrevista pocos días después en las oficinas de la calle Cronos, dentro del distrito de Ciudad Lineal, según ella. Una consulta posterior reveló que la oficina en realidad está situada en San Blas-Canillejas. En vista del equívoco y de la ausencia de la identidad del empleador en el texto del anuncio, decidí presentarme en el lugar un día antes de la cita para reconocer el terreno y de paso amortizar el Abono Joven del metro: Lucero, Alto de Extremadura, Puerta del Ángel, Príncipe Pío, Ópera, Callao, Gran Vía, Chueca, Alonso Martínez, Rubén Darío, Núñez de Balboa, Diego de León, Ventas, El Carmen, Quintana, Ciudad Lineal, Suanzes. Efectivamente las oficinas estaban en Cronos número 10, 2ª planta, en el interior de un edificio que poco destacaba por su fachada cenicienta y el bar irlandés a pie de calle, único símbolo de ocio en un polígono industrial gris y hostil con el viandante. Suanzes, Ciudad Lineal, Quintana… Resueltas mis dudas volví puntual al día siguiente (Lucero, Alto de Extremadura, Puerta del Ángel…) y descubrí la trama, porque no puedo darle otro nombre. ¿Dónde te metes, alma de cántaro?

Me convertiría en comercial colaborador de BySunrise Sales Force S.L. Concretamente mi labor consistiría en captar y fidelizar clientes para Gas Natural Fenosa, previo período de prueba no remunerado. Realizaría ventas a puerta fría, o sea, me presentaría en hogares y en pequeños negocios y, con nula formación sobre ventas y marketing, compararía el servicio eléctrico actual del inquilino/residente/empresario/cliente con ofertas de la compañía eléctrica que yo representase. Cada día viajaría a una localidad diferente de la Comunidad de Madrid con una pareja asignada; si ninguno de los dos poseía coche, tomaríamos el transporte público, para aprovechar mi abono. Mi horario laboral sería «flexible», con 8 horas diarias de lunes a viernes. Sobre ser «colaborador»: debería darme de alta como autónomo y recibiría un porcentaje de las ganancias de BySunrise que variaría en función del número de clientes que canalizase hacia los servicios de Fenosa.

La sonrisa desapareció de la cara de Cristina cuando me explicó rápidamente los pormenores del no contrato. Más que una entrevista me habían hecho una propuesta bastante extraña. ¿Qué cojones hago yo haciéndome autónomo para predicar la cobertura eléctrica de una multinacional que ni siquiera me tiene en plantilla?

Ese mismo día aparece en mi bandeja de entrada un mensaje de Progedsa, otra subcontratada. Google me previene de esta nueva oferta: enfrentamientos con la CNT, reclutamientos turbios, prácticas cuestionables y comportamiento sectario. Sin ir más lejos, hace unos años Antena 3 y el difunto canal Veo realizaron reportajes sobre empresas semejantes, si no la misma, y es que descubro que esto viene sucediendo como mínimo desde 2005. Progedsa aparece inmediatamente como un ente tóxico que se aprovecha, primero, de la desesperación de parados y jóvenes sin experiencia, y, segundo, de la ingenuidad de muchas personas que reciben a estos comerciales en sus hogares. Hurgando un poco más descubrimos que este fenómeno tiene nombre genérico: falsos autónomos. El blog citapreviainem.es advierte sobre estos contratos mercantiles, en el que básicamente el trabajador es despojado de sus derechos como autónomo  a la vez que se desloma igual o más que un asalariado. El empleador no cotiza a la seguridad social, no hay vacaciones ni días libres, no existe un sueldo fijo y no hay ningún tipo de compensación por despido. Esta situación es ilegal y, sin embargo, anuncios como el que me llevó a BySunrise siguen apareciendo en portales de búsqueda de empleo. Y sabiendo la irregularidad de todo esto, ¿cómo es posible que haya gente que siga cayendo en esta trampa? ¿Cómo afecta a a las estadísticas de empleo? ¿Por qué este escándalo no salpica a las grandes multinacionales que están detrás de estos facinerosos?

No existen muchos datos objetivos o críticos sobre BySunrise fuera de los boletines oficiales y la propia página de Gas Natural Fenosa, así que me propuse investigar por mi cuenta. Finalmente encontré dos direcciones diferentes para su oficina central, ninguna dentro de la ciudad de Madrid. Esto me hizo sospechar que las personas de Cronos 10 podrían ser un grupo de timadores que actuaban bajo el nombre de la empresa real. De nuevo, menudo ingenuo. Tomé el cercanías hacia Alcalá de Henares, primera parada en el barrio de La Garena: en el número 5 de la Avenida de Juan Carlos I no aparece por ninguna parte el cartel de BySunrise o de Gas Natural, preguntando a una vecina supe que habían trasladado el negocio a otro local, esta vez en el centro de Alcalá. Un cartel en un escaparate confirma la segunda dirección: «Vía Complutense 42, posterior. Entrada por plaza Avenida Guadalajara 5». Se trata de una sucursal de atención al cliente donde se tramitan servicios de alta y de modificación de servicios. Entré e inmediatamente después de saludar una mujer de uniforme me pidió que cogiese número. Petición absurda si tenemos en cuenta que dentro no había más personas que yo mismo y los empleados. Me dirigí al escritorio de la misma mujer y le pregunté sobre la llamada que había recibido acerca de una entrevista de trabajo en Cronos… «Cronos 10», completó ella. Me confirmó que efectivamente la empresa buscaba comerciales y que no había razón para desconfiar. A la pregunta de por qué no figuraba BySunrise en la oferta, ella se encogió de hombros y no supo o no quiso responderme, simplemente insinuó que la razón era evidente. La verdad, muy a mi pesar, es que los timadores trabajan para la eléctrica, responsable directa de los beneficios de esta estafa. La única esperanza que me queda es que BySunrise no sea tan sectaria como la infame Progedsa.

Vienen a cuento las recientes declaraciones de Juan Rosell al respecto del futuro de la vida laboral en España, que básicamente vienen a decirnos que la precariedad es el bastión del progreso. Este discurso de superación diaria —que me recuerda al del capitalismo luterano— pierde bastante credibilidad si tenemos en cuenta el legado del que se beneficia el empresario. No digo que este hombre no haya dado un palo al agua en su vida, pero es obvio que por muchos riesgos que asuma siempre tendrá una red de seguridad en su familia. El ideal de este burgués de libro es que todo español sea un autónomo incansable que salta de encargo en encargo, hipotéticamente haciendo una fortuna en un ambiente de competitividad constante e impasible. Teniendo en cuenta la indefensión que hoy en día sufre la clase obrera en España, cuesta imaginar que este futuro ideal pueda existir en una sociedad donde corporaciones e incluso algunas PYMEs son capaces de engañar, estafar y desinformar con tal de rascar en busca de la mínima ganancia. El neoliberalista es una criatura amoral que solamente actúa por y para su propio beneficio, sin tener en cuenta la escasez de recursos o los desequilibrios sociales. Nos gusta pensar que estos gigantes acabarán por derrumbarse bajo su propio peso, pero esto es prácticamente una quimera si el colectivo social no se conciencia y actúa. Lo peor de todo es que muchas facetas de nuestro modo de vida alimentan este despropósito, la principal sería el conformismo seguida por ámbitos de consumo que perpetúan los comportamientos delictivos, inmorales y destructivos.

«Si no te gusta, es lo que hay» es un mantra que se repite mucho en las historias de fraude laboral. «Lo que hay» es el derivado de una gran falacia a la que uno se somete voluntariamente o a coacción de ciertos agentes. Dependemos tanto de nuestro bienestar que a la mínima señal de conflicto nos encogemos y nos retiram1os a nuestra madriguera. Si queremos cambiar pero no somos capaces de cuestionar el anterior aforismo, incluso podemos adoptar la postura filosófica del Sr. Rosell y pensar: si actúo hoy podría labrarme un futuro mejor para mí y mis conciudadanos. Los tiempos mejores para el trabajador no volverán por causa de una fuerza invisible y benévola. La fortuna, por consiguiente, hay que ganársela en otros frentes tan importantes como la economía. Implícate y toma las riendas de tu vida, porque la política rige todos los aspectos de tu vida y la de millones. Protesta, denuncia y desenmascara a los farsantes en el escenario de la res publica, porque solo si el público tiene conciencia de la injusticia entonces el problema se hace más real.

Se acercan las elecciones. Vosotros veréis si elegís al caos bueno, al caos neutral o al caos maligno.

Crawling under the skin

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Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) es sin lugar a dudas una película infravalorada por el público, al menos por lo que infiere su recaudación en taquilla. La cinta no pudo recuperar ni la mitad de lo que costó producirla, unos 8 millones de libras (más de 10 millones de euros). Sin embargo la crítica especializada la recomienda si no la adora. Hasta mi crítico canadiense de confianza dijo del conjunto de escenas más epatantes que «aporta un nuevo significado al concepto “leña para pesadillas” [traducción libre de nightmare fuel]». ¿Pero por qué fiarse de esos críticos elitistas que frecuentan la Mostra y el Festival de Toronto como si de una generación espontánea de moho se trataran? ¡Son la clase de cineastas frustrados que endiosan a cualquier iluminado que monta 80 minutos de un pantallazo azul!

Vamos por partes.

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Under the Skin está inspirada en la novela homónima (publicada en España por Anagrama), escrita por el autor en lengua inglesa y escocés de adopción Michel Faber. La película, que dista bastante de la fuente original, narra una invasión extraterrestre desde la perspectiva de uno de los alienígenas (Scarlett Johansson), mimetizado bajo la apariencia de una atractiva hembra  de Homo sapiens. La misión de nuestra protagonista es atraer especímenes de macho humano empleando el encanto sexual de su disfraz para a continuación convertir a sus presas en carne picada. Es la moralina del súcubo que devora a los hombres que pierden su virtud en la voluptuosidad, ¿o no? A partir de esta propuesta pasan cosas, por no decir movidas, en su mayoría espeluznantes. Es simple pero efectiva. Y ‘efectiva’ es la palabra clave.

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Pudo haber sido un truñaco de la serie B  risible de no ser por el estilo idiosincrático de un realizador formidable. Como dice Glazer en una entrevista a Film4, la clave de la trama es el punto de vista de su protagonista. Había que imaginarse cómo nos vería un ser completamente ajeno a nuestro mundo: una visión fría, cruel, cruda, distante y por momentos fascinante, siempre desde un ángulo que se nos antoja aberrante. En apariencia todo nos es familiar, incluida la icónica Johansson, pero las composiciones y los encuadres insinúan que en el fondo hay algo que escapa a nuestra comprensión. Esta sensación inquietante se ve más acentuada durante las escenas de interacción terrestre-extraterrestre: la naturalidad de personas reales captada con cámaras ocultas y el inmediato contraste del monstruo mal disimulado que es Scarlett. El escenario no es menos perturbador: las preciosas fotografías del paisaje escocés bien podrían ser fotos de la superficie de Ganímedes.

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A pesar de lo que diga Glazer —que apostaron por la sobriedad estética— es precisamente la parte audiovisual tan singular la que merece todas las alabanzas. Hay efectos especiales violentos en el sentido de que aparecen de manera chocante e inesperada, y también en el sentido más visceral del termino. Además el hecho de que el espectador no sea capaz de descifrar cómo se realizaron estas estampas de pesadilla minimalista es lo que les da mayor credibilidad. Dentro del conjunto estilístico la banda sonora excepcional de Mica Levi acentúa hasta el extremo el ambiente extraño: bucles de cuerdas hipnóticas, estridencias, percusión mínima, un leitmotif aterrador y no poca cacofonía. Por si fuesen pocos escalofríos, la historia se desarrolla de manera lenta, contemplativa y a veces incomprensible: es el propio  espectador el que debe sacar sus propias conclusiones sobre lo que sucede. La fórmula de Under the Skin presenta enigmas que nos aferran y obnubilan por completo; nos quedamos paralizados por ese miedo animal que se respira en los mataderos.

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Jonathan Glazer tuvo mucho valor a la hora de arriesgar tal cantidad de caudal y tiempo en un proyecto tan experimental. Ya solamente por la audacia de ese gesto inmenso este fracaso merece un visionado y un escrutinio respetuosos. El mérito de hacer una película de ¿terror? tan diferente y llena de personalidad debería ascender Under the Skin a la categoría de culto. Por supuesto, tiene debilidades derivadas de las actuaciones improvisadas, del cambio de tono a mitad de metraje, del ritmo algo frustrante y del mutismo de los personajes. Sin embargo rompo aquí una lanza a su favor y recomiendo a cinéfilos y mitómanos esto que solo puedo definir como arte introspectivo del bizarre bizarro.

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La lección de la máscara

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Decía el mitólogo Joseph Campbell que el teatro y las festividades religiosas comparten el fingimiento de la interpretación y la performance: el chamán, imam, párroco, sacerdote o autoridad del credo representa e interpreta la voluntad divina. Ya sea el teatro, el cosplay, o las crucifixiones en Filipinas, los actores reniegan de su identidad y se someten a la posesión de lo intangible, del ideal platónico, del bigger than life. Por otra parte los espectadores, feligreses, creyentes o acólitos se imponen la suspensión de la incredulidad: el rechazo puntual de la razón y la lógica en pos de someterse a las figuras, técnicas, convenciones y defectos propios de una narración ficticia. Johan Huizinga -citado por Campbell- añadía que a pesar de esta aceptación de la farsa siempre hay «una concienciación subyacente de que las cosas “no son reales”». Continúa Campbell que esta actitud mística o transcendental es la respuesta a los deseos lúdicos del ser humano, convertido en un Homo ludens. El símbolo ya no es una referencia a la divinidad, sino la manifestación divina del Paraíso perdido en la tierra.

En un ámbito más terrenal, podríamos decir que la obsesión de ciertas personas con la continuidad y los sucesos de seriales de televisión y sagas literarias podría considerarse parte de este fenómeno. En vez de aceptar la obra adorada como un corpus delimitado o una narrativa cerrada con un significado abstracto, prefieren centrarse en la corporeidad irreal del relato y expandir la parábola en base a sus detalles más insubstanciales. Muchas empresas sacan provecho y con suerte son capaces de generar la venta desbordada de merchandising de las franquicias (antes relatos) más populares (hablemos de  Star Wars o de Shin Seiki Evangelion). La idea se vuelve táctil, real, y por tanto adquiere aún más fuerza al justificarlo su propia existencia. El ser humano quiere transubstanciar el concepto de tal manera que adquiera un cuerpo físico y geográficamente localizado. Como alquimistas creamos fetiches, símbolos de la condición divina y, por contraste, de nuestra propia imperfección, para rendirles pleitesía  y consumirlos: la Meca, el Vaticano, la Tierra Prometida, el Partenón, el Potala, el Santuario Itsukushima, Silicon Valley, Disneyland, New York, Hollywood, etc.  De este materialismo religioso surge el consumismo de los devotos y los sacros negocios. Es un juego pasado de vueltas.
masks-of-god-primitive-mythology-1Somos animales convencidos de que hay un motivo, de que hay un propósito por el que existimos, aunque no parezca cierto. Nos aterran los agüeros de nihilistas y el aparente absurdo de vivir para morir y caer en el olvido. Queremos ser parte de lo inmortal. ¿Pero qué es realmente eterno? Las montañas, la tierra, el mar, los ríos, los cuerpos celestes, la lluvia, las estaciones, las cosechas… ¿Tienen todos ellos voluntad propia? ¿Hay un demiurgo detrás de lo aparente? Está claro que hay grandes verdades en estos elementos y si queremos vivir larga y placenteramente debemos someternos a los designios de la grandeza inconmensurable. Y así nos acercamos a la inmortalidad y con el tiempo asociamos historias y personajes perpetuos. ¿Qué hay más imperecedero que los dogmas, los Grandes y lugares que se les asocian? Mientras exista la humanidad siempre habrá arquetipos que dicten nuestras vidas.

En la introducción a la primera parte de Primitive Mythology, Joseph Campbell concluye:

Cuando un mito se acepta literalmente, su mensaje se pervierte; pero además, en respuesta, cuando se reduce a mero fraude sacerdotal o signo de inteligencia inferior, la verdad se nos escabulle.

En nuestra sociedad abotargada de productos de los medios de masas cabe preguntarse si debemos invertir tanto tiempo en el escapismo de las parábolas, si no sería mejor aprender las tendencias de la realidad de primera mano y con ayuda de ensayos, teorías y crónicas. No quiero decir que rechacemos por completo el arte, pues es lo más parecido a la magia, ni que esta no tenga base alguna en la realidad. Como la conclusión de Campbell, prefiero una respuesta equilibrada: un conocimiento y apreciación crítico de las obras creativas dentro de sus contextos concretos. Las historias surgen de circunstancias que deben suscitar nuestra reflexión y provocar una reacción que nos involucre en lo terrenal. A veces hay que dejar de jugar si queremos descubrir o, como mínimo, especular sobre qué hay fuera del escenario de nuestra vida. No caigáis en la trampa del sesgo confirmatorio.

Shinkawa, cyberpunk y body horror

Dijo el nuestro Señor Dios que habríamos de santificar el sábado a base de holgar. Yo voy a ser menos y dedicaré cada víspera de domingo al noble arte de vuestro embeleso exento de narcóticos. Llamémoslo una sección de fin de semana; breve, por supuesto, porque el finde es para disfrutarlo lejos de pantallas, aunque sea pisoteando charcos, y dedicada a personas, entes, fenómenos o lugares que exciten nuestras neuronas. ¿Y qué nombre le ponemos a este bicho? Digámosle Shomer (Fucking) Shabbos.

yoji

Shinkawa Yoji (Hiroshima, 1971) es conocido internacionalmente por ser el artista que fijó el estilo visual de videojuegos tan eminentes como Metal Gear Solid o Zone of the Enders. Prácticamente toda su carrera profesional ha estado ligada al estudio Kojima Productions, creadora de los juegazos ya mentados. El conjunto de su obra se caracteriza por cierta fascinación por los retratos y el dibujo técnico dentro de un espacio etéreo y abstracto, donde siluetas y sombras definen los trazos indispensables de cada objeto. En paralelo con las temáticas de sus juegos, Shinkawa es la encarnación del eslabón entre el arte tradicional japonés y el nuevo arte digital: de su legado nipón extrae las pinceladas del suibokuga y de la iconografía cyberpunk, los degradados, las formas geométricas y los glitches gráficos. Su estilo no se aleja mucho de las ilustraciones de Amano Yoshitaka y los monocromáticos de la época dorada de Frank Miller, cogiendo las composiciones barroco-psicodélicas (?) de su compatriota y aprovechando el espacio negativo al igual que el norteamericano. Yo añadiría otras influencias, más propias de un otaku que sufrió su adolescencia en los 80: maquetas de maquinaria bélica, réplicas de armas de fuego, anime y manga sobre mechas (léase mekas), heavy metal y cierta sexualidad prominente; pero esto son especulaciones mías.

Y ahora, el cariño. Un resumen la trayectoria de Shinkawa en tres art books cortos y nada saturados, perfectos para descubrir a este artista único. Disfrutadlos haciendo click en cada portada.

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Si no os da un mínimo de repelús el desmembramiento y la pérdida de humanidad de los cyborgs, enhorabuena, sois transhumanistas.